EN ES
We believe in professional transparency and the importance of social communication in getting to know and being known. Therefore it is important for us to be on forums and in the media. This is why, in addition to being on the most popular social networks, we also publish opinion pieces on market and companies needs on forums and in the most popular newspapers.

Cinco Días 18.09.2015

¿Quién está de Mas en Cataluña?

Pues empezó ya la cuenta atrás de la carrera hacía una habitación oscura donde unos pocos arrastran a desorientados y otro grupo les persigue a toda velocidad para impedirlo. No pocos observan este pilla-pilla con cansancio, desinterés, confianza en que todo se arreglará al final por arte de magia e incluso algunos están decidiendo en qué parte del pilla-pilla se ponen. Y la carrera va cogiendo aceleración hacia la habitación oscura… ¿Podrán frenar a tiempo? ¿Podrán frenar a tiempo los últimos y no entrar todos a trompicones en esa habitación oscura?

Mientras tanto, Mas is missing. No está claro quién está haciendo el papel de Mas, como presidente de la Generalitat y representante del Estado español en Cataluña, ni como candidato a la presidencia tras las elecciones. Porque, señores, lo que viene son unas elecciones autonómicas. Si el debate se centrara en lo que de verdad se decide el próximo 27, enseguida se vería el fracaso de la gestión de la Generalitat durante los 20 últimos años, y asumirían el poder partidos y personas que todavía no han tocado pelo, pero que vienen con la lección aprendida. Qué no saldría entonces a la luz, saliendo lo que sale ahora sobre Pujol, Teyco, 3% plus (y lo que queda por salir). Ello con los convergentes y separatistas (qué contradicción) actuando conjuntamente silenciando voces autorizadas y solventes que desmontan los argumentos de los convergeratistas. Josep Borrell –no se puede ser más catalán, digo yo– es la última víctima de la limpieza ideológica.

Estamos de elecciones pero no se habla de lo importante. Se habla de lo artificialmente urgente. Todos los partidos han caído en la trampa del método Ollendorf (pregunta lo que quieras que yo responderé sobre lo que sea; o en simple: hablemos de todo lo que sea menos de lo que hay que hablar). O sea, se han convocado elecciones al Parlamento y aquí no hablamos de los resultados de la gestión del Gobierno que en cinco años ha convocado tres veces elecciones. Hablamos de independencia. Mal va.

Pero bueno, ya que la actualidad manda, los argumentos en torno a la viabilidad de la independencia basados en el ordenamiento jurídico se obvian por inconvenientes. Se construyen y modulan otros, a veces hasta infantiles, a medida de por dónde se vayan desarrollando los acontecimientos y cuánto se van apartando estos del objetivo final. Por ignorancia o por malicia, o por ambas, se está mintiendo a la población en torno a las posibilidades reales, las de verdad, de una Cataluña independiente y/o viable en los términos propuestos. Además de lo previsto en la Constitución española, votada por todos los Españoles –incluidos los catalanes–, la Unión Europea ya se preparó en su día, antes incluso que cuando Escocia escocía: ¿se acuerdan ustedes del señor Ibarretxe y su plan…?, pues eso. Ahí se blindó Europa.

A todo esto, conviene recordar que existe un ordenamiento jurídico administrativo y penal en vigor que es de aplicación. Luego no valen sorpresas ni victimismos. Porque si sí valen y no se aplica la ley, ya sé qué opción tengo en la próxima declaración de la renta… Cataluña, volviendo a lo urgente, tiene una vía a la independencia que está prevista en la Constitución. No es un mecanismo fácil, obviamente, igual que no es fácil que hagan a uno un trasplante de corazón. Tiene muchos riesgos, pero pueden llegar a darse las circunstancias que lo aconsejen. No conozco muchos trasplantes por una serie de arritmias (vaya, no conozco ninguno) o porque una pequeña parte del tejido del corazón o del resto del cuerpo esté corrompido.

Señores del independentismo: la legislación es la que es. A algunos a lo mejor no les gusta el Estado autonómico –bastante semejante a un Estado federal, por cierto– y prefieren un Estado regional, o una confederación, o un Estado central. Pero de todas las opciones disponibles, entre todos, todos elegimos un modelo con unas reglas concretas y posibles de aplicar. Pues con esas reglas –y no otras– todos –y no unos pocos– decidamos qué modelo queremos y si cambiamos de reglas. Por cierto, que ya tendría gracia que decidiéramos que no queremos las autonomías y que descendiera el nivel de autonomía al ámbito local, que es el que de verdad está pegado al ciudadano y donde el ciudadano tiene muy fácil ir a pedir cuentas.

A fecha de hoy, Cataluña es parte de España, y por tanto es de todos los Españoles. Esto es el punto de partida (y hasta los catalanes separatistas estarán de acuerdo). Ahora hay que decidir sobre Cataluña. Pues bien, la norma esencial de Cataluña y de España, o viceversa, la Constitución española de 1978, dice (artículo 1 de la Constitución, que no hay que rebuscar, vaya) que la capacidad de decidir libremente sobre España reside en todo el pueblo español. En todo el pueblo quiere decir que todos decidimos y no que unos pocos deciden por todos. Porque unos pocos decidiendo por todos no parece muy democrático, ¿no?

Luego la Constitución habla de la unidad, garantías a las nacionalidades, solidaridad, lenguas y banderas. Todo esto sin tener que leer más allá de los primeros cuatro breves artículos. Y de verdad que está escrito muy claro y poco interpretable. De verdad que sí.

En fin, que el 27 hay elecciones al Parlamento de Cataluña y todavía no he oído hablar de programas. Solo oigo el ruido propio de un corre que te pillo.

Yo me siento tan catalán como madrileño o andaluz o balear, por pasar temporadas del año en los cuatro sitios. Pero me siento sobre todo español y también europeo. Creo que es todo compatible y además para mí prefiero, en todo en mi vida, sumar. Ser más y no permitir sentirme de más, ni en Cataluña. Sí que estoy un poco de Mas (y amiguetes) hasta la barretina… ¡Ojalá algún periódico publique solamente esos cuatro primeros artículos de la Constitución algún día! Sin Mas.

Read moreCerrar

Cinco Días 11.06.2014

La vida en un clic

Internet tiene el mérito de permitir tener prácticamente todo al alcance de un click: se pueden dar consejos, comprar, hacer publicidad, interactuar y relacionarse, comentar, estudiar o ampliar conocimiento, hacer entrevistas de trabajo, contratar laboralmente, hacer transferencias de dinero, leer libros, ver cine, encargar la cesta de la compra o una cena, visitar otros países, vestirse (y desnudarse), disfrazarse de otra persona, adoptar otras identidades, manifestarse de forma anónima, copiar, invadir espacios de otros, robar, traficar, calumniar, invadir la intimidad de personas, vulnerar su honor… se puede incluso votar por internet. Menos oler y masticar todo cabe en ese clic.

Y parece que ahora hay que regular el uso de la red porque “va por delante de la legislación vigente”. ¿En serio? O sea que, de momento, todo vale y hasta que no se regule internet de manera específica no hay responsabilidad por su uso. Yo creo que no es necesario regular específicamente nada. Y no porque la libertad de expresión sea el bien jurídico a proteger, como alguien se ha apresurado a comentar (con bastante poca fortuna, en mi opinión), sino porque tenemos ya suficiente regulación.

La libertad de expresión está muy bien. Más que eso. Es necesaria. Tiene además un marco –amplio, pero no infinito– de ejercicio. Y quien a fecha de hoy, con base en su libertad de expresión, haga una manifestación a través de una red social tendrá que entender que ello es lo mismo que hacerlo en una plaza llena de personas. E incluso deberá asumir que se dirige a una plaza pública a sabiendas de que su audiencia es mayor de lo que la persona sea capaz de convocar en la realidad no virtual. Si amenaza a alguien, estará cometiendo un delito. Y si ofende a alguien también con el agravante de que se está asegurando el máximo conocimiento posible de su acción. Porque en internet ya se aplica la legislación vigente. O ¿acaso puede ofrecerse impunemente droga o pornografía ilegal por internet? Pues eso.

No es necesario regular específicamente nada, porque tenemos ya suficiente regulación

Cuando ya los comportamientos son obscenos, cuando da vergüenza mirarlos, y se dicen auténticas barbaridades y amenazas directas a la integridad o al honor de las personas, se produce una reacción propia de quien desconoce la legislación existente (y aplicable), instando a la regulación de internet, que es seguida por alguien a quien se le ocurra defender las barbaridades como la consecuencia natural de la libertad de expresión. Me vienen ahora a la memoria las peleas violentas en los colegios entre menores de edad de hace algunos meses y que han sido divulgadas en la red, grabadas por menores, y que solo suscitaron asombro e incluso repulsa, pero no una reacción más terminante ni apremiante. Y ahora vienen las reacciones tras algunos tuits vomitivos por el atentado de León… un poco tarde, aunque bien necesarias.

Internet, es un espacio, un país donde puede habitar quien quiera, incluso de forma anónima. Caben hasta los sin papeles y los que llevan documentación falsa. Pero el hecho de estar voluntariamente identificado (o voluntariamente ocultado) no significa que se pueda deambular por el país sin respeto por los cohabitantes ni sin responsabilidad por los actos que se cometan en este país virtual. Tengamos además en cuenta que la tecnología que permite la existencia de Internet también permite que haya formas legales de identificar a las personas responsables de cualquier comportamiento en este territorio.

El problema no está en que no haya legislación (tenemos ya regulada la protección de las personas, su honor, intimidad, integridad, la infancia, derechos de autor, derechos morales, protección de datos, etcétera) sino en que no hay medios materiales para absorber y digerir un territorio, un planeta nuevo llamado internet, de una parte. De otra parte, los dueños de los distintos países (como Twitter, Facebook, Flickr, Instagram, Didi, Tinder, etcétera) que habitan en el planeta internet, no se toman en serio la necesidad de autorregularse a fondo. Les denomino países porque tienen la posibilidad de dotarse de una legislación complementaria a la comúnmente aplicable: las condiciones generales de uso de sus respectivas plataformas, donde perfectamente puede preavisarse a los usuarios de las consecuencias de su comportamiento.

La gente emigra a territorios más seguros y predecibles, con sus bienes y su capacidad de gasto

Estas empresas de internet, que tienen el legítimo derecho a estar presentes en la red y hacer negocios y obtener beneficios por ello, deben ser conscientes de que los países (incluso los virtuales) que no son seguros no atraen inversión ni gasto y pasan a ser utilizados por una parte de sus habitantes, en vez de por los habitantes comprometidos y con sentimiento de pertenencia al país en cuestión, siendo aquel grupo el que busca su particular beneficio a costa de éstos últimos. Y al final, la gente emigra a territorios más seguros y predecibles. Con sus bienes y su capacidad de gasto. Se van, en definitiva, con su capacidad de hacer clic, a otro país.

Los dueños de las distintas comunidades de internet deben además convertirse en auxiliares de la Administración de Justicia, tomando acciones inmediatas de identificación de conductas ilegales y reportándolas a las autoridades o a las fuerzas de seguridad para su investigación y la depuración de las responsabilidades a que hubiera lugar. Esta tendencia ya por sí sola conseguiría que determinadas conductas cesaran o se vieran reducidas en una cantidad relevante. Y todo ello sin necesidad de abordar un marco legislativo específico para internet.

Porque si internet es un foro donde podemos pensar lo que decimos y hacemos –igual que en la vida real– y somos conscientes de que además la audiencia es masiva, debemos ser conscientes de la importancia que tiene el clic del ratón del ordenador: el clic de un ratón y el clic de un gatillo no deben poder sonar igual, salvo que tengan idénticas consecuencias. Y suenan igual o muy parecido.

Read moreCerrar

Expansión 05.04.2014

¿Tiene sentido el actual contrato europeo?

El día que exista la Unión Europea, esto va a ser un cañón...  porque ahora esto es un poco de traca. Que venga un chino o un ruso o un americano a meter miedo, o al menos intentarlo, pues oye… que somos Europeos. Pero que venga un alemán a meter miedo… te dan ganas de prohibirle la entrada en Palma de Mallorca. Bromas aparte, lo que tenemos montado no funciona. No va bien.

Europa es, en su concepción más moderna -en mi opinión y dicho cortito- una actualización aplicada del pensamiento de Hobbes, Locke, Rousseau y Rawls, y que en esencia viene a decir que los individuos se agrupan y renuncian a una serie de libertades inherentes a la persona, para ordenar su convivencia y garantizarse seguridad en torno al/a los más fuertes. Principios como la igualdad y la justicia son esenciales para que este “contrato” entre quienes renuncian a libertades individuales pueda ser viable. Bueno, así dicho queda muy resumido, y la cosa tiene bastante más miga. Pero me vale a estos efectos: por el bien de la comunidad nos damos unas reglas que aplican a todos por igual: un “contrato social”.

Tras dos Guerras “Mundiales”, a mediados del siglo pasado Bélgica, Holanda y Luxemburgo establecen lazos comerciales ventajosos para sus empresas y seguidamente se establecen condiciones razonables para la comercialización del carbón y del acero. De ahí hacia adelante, donde las políticas de defensa y comerciales están en pugna constante, hasta que la opción de la OTAN despeja el debate sobre políticas defensivas en las que estaba inmerso cada país frente a los demás y la cosa queda ya a los ojos de los ciudadanos de a pie en política civil, comercial y administrativa.

Con el paso del tiempo se genera una superestructura administrativa, en términos de tamaño y de jerarquía a veces también, con un Parlamento, un Consejo y una Comisión, un Alto representante, casi 30 Comisarios, etc., etc., etc.,  para gobernar, directamente o indirectamente mediante reglamentos, directivas, decisiones y recomendaciones un territorio único: La Unión Europea. Se crea hasta una moneda para Europa: el EURO.

Pues ya tenemos un nuevo contrato social: “el contrato europeo” donde todos los ciudadanos del pueblo llamado Unión Europea renunciamos a determinadas libertades para ser todos juntos, jun-tos, más fuertes frente a EEUU, China, Latinoamérica, el Petróleo, Rusia, multinacionales con presupuestos a veces mayores que países soberanos… A cambio, habrá la misma política para todos dentro la Unión. Lo que viene a ser un Rosseau revisitado. Entre nosotros, todos seremos iguales y tendremos todos las mismas posibilidades, las mismas opciones y las mismas reglas de juego. Y a los de fuera de la Unión se les aplicará lo que más convenga a la Unión, que para eso se hace.

Así, las personas y las mercancías empiezan a circular, no sin pocos obstáculos, por la Unión. Y como alguno puso en riesgo esta manifestación de unión, se crean autoridades nacionales de Competencia tras la creación de la Europea, que empiezan por garantizar que bienes, servicios y personas circulen libremente por Europa. Las tan activas autoridades de la Competencia han evolucionado para que haya información y actuación coordinada, coherente y consistente en cualquier punto de la Unión Europea. Si te sabes las reglas del juego de Competencia en un país, te las sabes en todos, como quien dice.

Luego llegaron los impuestos, y aquí la orquesta sinfónica de la Unión empezó a desafinar. Por ejemplo, el impuesto comunitario por excelencia, el IVA, tiene tipos y tramos distintos por cada territorio. O sea que ya no somos todos iguales. En un país comprar el mismo producto no cuesta lo mismo que en otro. Lo que sí se puede hacer es luego mover el producto por la Unión Europea. Y alguien, que no es la administración nacional ni la Europea, ni tampoco el conjunto de los consumidores, saca un beneficio por la mera disfunción legislativa de tener unidad de mercado y no tener unidad fiscal. Igual aquí alguien debiera pensar qué pasó con el “contrato europeo” en el que se renunciaba a las fronteras interiores para asegurar un libre (para todos los que quieran) e igualitario (en idénticas condiciones) acceso a las mercancías y a los servicios.

Y cuando la cosa aprieta y hay que buscar financiación, los países (más) saneados dicen que la financiación es local y no consolidada porque algunos países pagarían la mala gestión de otros. No dejan de tener razón relativa, pero entonces aquí fallan: a) los mecanismos de supervisión y control, y b), los mecanismos de financiación conforme al “contrato europeo” suscrito en su día. Mientras tanto unos países ven como para acceder al mismo bien o servicio unos pueden obtener financiación a la mitad de coste que otros. Suele coincidir además la financiación a tipos bajos y los tipos impositivos menos altos. Y otra vez a pensar si tiene sentido el famoso contrato europeo, que igual estamos haciendo el canelo...

¿Por qué no se establece un calendario, ambicioso pero ejecutable, de convergencia fiscal y financiera, y se dota a la Unión Europea de mecanismos efectivos y eficientes como lo son las autoridades competencia, tanto locales como la supranacional para garantizar que ese calendario se cumple y que todos tengan libre e igual acceso a productos y servicios? ¿Tiene sentido, en el marco de la Unión Europea, que todos sus ciudadanos tengan la misma estructura impositiva? ¿Y las mismas condiciones de financiación? Yo creo que sí lo tiene, sin duda.

Creo también que la Unión Europea es un compromiso que no es estático. Si la Unión no va a más va a ir a menos. Y si va a menos, los países que hoy la conformamos seremos presa fácil de cualquier estructura fuerte (pública o privada). Y entonces otra vez a empezar, situándonos en los momentos previos a que Sir Winston Churchill propusiera los Estados Unidos de Europa. Corría 1949 y Europa había sido devastada… dos veces. Vayamos a más.

Read moreCerrar

Cinco Días 18.02.2014

Los ‘¡mire usté!’

Pues parece que ya sí que sí nos ponemos en marcha. A base de que los ciudadanos y empresas hayamos recortado nivel de gasto, de calidad de vida, de confort, y soportado una mayor presión fiscal directa e indirecta. El presidente estuvo bien el otro día cuando le reconoció el mérito a los ciudadanos de este país en eso de haber enderezado el rumbo. También este gabinete ha tomado decisiones difíciles que le van a costar caras. Y también el Sr. presidente lo reconoció, en lo que respecta de la política fiscal por ejemplo.

Yo soy de la opinión de que todos comprendimos la necesidad de determinadas medidas, igual que todos sabemos que el que fuera el siguiente presidente del Consejo de Ministros (del partido que fuera) lo tendría que hacer. Ahora el presidente anuncia rebajas fiscales que se aprobarán este año y que se notarán el año que viene. Un esfuerzo podrían haber hecho para que algún efecto se notara ya en este año. Pero oye, yo me creo que las cosas van a mejorar y que el zapato va a apretar menos. Además, determinadas políticas macroeconómicas de Europa han ayudado, bien por colaborar, bien por obligar, a que la situación se enderece.

Ser de una ideología no es mérito ni garantiza una especial capacidad de gestión administrativa

Pues oye, que entre unos y otros, hemos conseguido salir de la unidad de vigilancia intensiva ¿no?

La otra buena forma de ir cogiendo aire, ahora que aumentan (tímidamente) los ingresos de todo tipo, es que las distintas Administraciones (central, autonómicas y locales) hagan lo que hicieron ya las familias y empresas de capital privado hace tiempo: reducir sus gastos. Y deberían hacerlo con un plan tan concreto como concreta y clara fue la subida de impuestos. A lo mejor ese plan concreto puede llevarse a cabo con criterios empresariales, donde se toman decisiones internas muy difíciles para asegurar una propuesta equilibrada a los clientes para no perderlos (o sea, evitar que se vayan a otro país o a la economía sumergida), y así conseguir que la empresa esta llamada Reino de España S.A. tenga no solo viabilidad –que la tiene– sino que de verdad la gente se preocupe por la posibilidad de que no puedan quedarse en ella, en vez de salir de aquí lo antes posible como pasaba hasta hace muy pocas fechas. En fin, rigor y exigencia empresarial hacia adentro como la que se aplica a los ciudadanos, votantes y sujetos pasivos de los impuestos.

Esto incluye la dimensión de la estructura administrativa y en la selección del talento que gestiona la cosa pública. Ser de una ideología no es mérito ni garantiza una especial capacidad de gestión. Ni genera la necesidad de crear un puesto retribuido en la Administración. Para ese tipo de méritos están los partidos políticos (no confundir con la Administración). Para ponerlo suave, cambiemos los partidos políticos por clubes de futbol. En todas las directivas de todos los equipos de futbol de primera división, por acotar en un punto, hay magníficos gestores de empresas privadas con éxito contrastado. Y todos, sin excepción, vibran con la selección española. No se es menos de la selección por ser del Betis o del Madrid o del Barcelona, o del Sevilla o del Atlético de Madrid… ¿Se imaginan Ustedes al presidente de un club de fútbol, por ejemplo, diciéndoles a sus jugadores que no cuenten en el campo con los jugadores de otros equipos que están en la misma selección nacional? Pues eso.

Es momento de elevar el nivel de la política que se hace y también de la que se admite que se haga

Por favor, que impere la profesionalidad y la seriedad en el manejo de nuestros intereses. Todavía estoy perplejo con el énfasis, energía e interés que ponen unos políticos en negarle a los otros el mérito del cambio de tendencia o la responsabilidad sobre la situación. Como si todo no estuviese razonablemente entendido por los dueños de la empresa (los votantes y pagadores de impuestos). Parece que aquí lo importante es si el cambio en la situación se debe a este Gobierno o al Banco Central Europeo, que “mire usté” –gran frase de casi dos palabras de cualqueira de nuestros políticos que anuncia un comentario despectivo– a mí me da lo mismo, que sigo con los impuestos al cuello, y exijo saber qué van a hacer los “Mire Usté” para usar mejor nuestros dineros, y pedir algo menos. Luego ya en sus partidos políticos, que hagan lo que más les apetezca, pero con los recursos de sus militantes y simpatizantes. Pero los “Mire Usté” deberían enterarse de una vez que la gestión de la cosa pública es algo serio, que cuesta mucho mucho dinero y donde de verdadera preocupación deben ser los ciudadanos y no los políticos entre ellos. También es justo decir que hay muchos políticos de baja o nula exposición mediática que se ocupan de los ciudadanos y sus intereses como es debido, además por vocación y sin retribución. Y hay muchísimos funcionarios públicos cuya tarea a veces toma tintes épicos al comparar lo que consiguen con los medios con que cuentan.

Hace poco leí que los ciudadanos confían más en las empresas (distinto de los empresarios) que en los políticos. Si esto es así, a lo mejor ha ocurrido que el gobierno en las empresas funciona mejor que la forma de gobernar la Administración. Y si funciona mejor es porque los criterios que utilizan los dirigentes de las empresas, sean estos dirigentes empresariales o laborales, y la forma de interactuar entre ellos funciona. Porque todos saben muy directamente lo que cuesta y significa generar ingresos y estar pendientes, día a día, de la valoración que hagan los clientes y el mercado. Lo malo es que en política las valoraciones vienen cada 4 años y tienen que pasar cosas muy serias durante mucho tiempo para que no dé tiempo a borrar memorias en el año pre-electoral. Y si probamos a aplicar criterios empresariales, ¿“mire Usté”? Yo creo que es momento de elevar el nivel de la política que se hace, y también, de una vez, de la que se admite que se haga.

Read moreCerrar

Cinco Días 09.09.2013

¿Masculino o femenino?

Hace unos días conversaba con una colega en torno a la capacidad de la mujer frente al hombre en el trabajo. ¿Se sorprendería usted mucho si le digo que uno mantenía que tenían idéntica capacidad y otro que no? Seguro que no. Ya si le digo que quien decía que no tenían idéntica capacidad era ella, la cosa se pone (algo) interesante. Lo que ya no sé si puede sorprenderle es que ella mantuviera la superioridad del género femenino frente al masculino puesto que, en su teoría, las mujeres estaban mejor entrenadas que un hombre por el hecho de llevar una casa además de trabajar. O sea, que además gestionaban todo un departamento en otra empresa llamada “Domicilio S.A.”. Yo no estaba de acuerdo. Quizá porque también gestiono ese departamento en la empresa “Soltería S.L.”.

Escribo con la ventaja y tranquilidad de gestionar un equipo de 75% de mujeres, donde bajo mi responsabilidad y valoración, todas sin excepción han progresado, crecido y ascendido significativamente. Vaya, no soy sospechoso de machista o de tener miedo a profesionales del género femenino.

Además, sé que existen empresas en las que ser mujer resta o empresas en las que se hace un uso inaceptable del nombramiento formal de una mujer para un puesto de responsabilidad, que luego resulta vacío de contenido o tan sujeto a constante escrutinio que impide desarrollar una labor. En fin, que no soy ajeno a la realidad.

Mi compañera de discusión a la que me refería antes es una brillante profesional y me sorprendió que creyera que la capacidad va unida a la situación personal concreta de uno de los géneros: la llevanza de una familia. Esto daba para una pensada en torno a la capacidad laboral de la mujer (esposa y madre en la vida) frente a hombres y resto de mujeres y si era necesaria una política específica para aquel colectivo. Y me puse a darle una vuelta…

La discriminación es un término absoluto, es decir, no admite calificativos (ni positiva, ni negativa...)

Hemos pasado de la estulta superioridad del hombre, en el que la mujer no podía trabajar, a incorporar a la mujer al trabajo con permiso paterno o marital, para luego darle puestos de segundo orden hasta reconocerle idéntica capacidad (como no podía ser de otra forma) y ahora vamos un poco más allá inventando la denominada ‘discriminación positiva’. La discriminación es un término absoluto, es decir, no admite calificativos (ni positiva, ni negativa, ni creativa, ni femenina, ni masculina, ni nada). Discriminar es dar trato de inferioridad o excluyente a una persona o a un colectivo aunque cumpla los requisitos que se exijan para un acceder a una determinada situación. Además, la discriminación positiva femenina se comunica mal y se entiende aún peor, en especial por el colectivo de mujeres, y a alguien tocará explicar el por qué de su discriminación negativa a trabajadores varones formados ya en entornos sanos y valientes, salvo que tenga instaurada una política clara de méritos así como los mecanismos que aseguren su correcta aplicación. Hay que ser muy cuidadoso para no caer en los tópicos de fácil aplauso y poco contenido, ser ambiciosos y no conformarnos con políticas efímeras donde se pasa de la igualdad al “igual da” en cuanto se pierde la tensión.

Disponer de políticas de méritos no es difícil: se fijan objetivos para un puesto y responsabilidad concretos para un periodo, junto con las consecuencias de su consecución total o parcial. Terminado el periodo, se valora transparentemente el resultado obtenido por el puesto respecto de esos objetivos, y cuando se tenga el resultado se identificará al trabajador en cuestión para comunicarle la valoración y sus consecuencias. No es mucho más sofisticado que esto, pero tampoco quiere esto decir que sea un proceso simple. El proceso debe ser sencillo y riguroso como garantía de que funcionará y se aplicará por igual a todos. Con ello se impiden al máximo las posibilidades de la empresa que pueda haber o argumentarse discriminación por razón de sexo o de cualquier otro tipo y se hace innecesaria otra “discriminación positiva” en un futuro (no muy lejano).

Pero lo más difícil de verdad en estas políticas es su implementación diaria, donde todos los afectados, sin excepción, tienen responsabilidad: el empresario tiene que implementar una política de mérito sin atención al género ni a otra circunstancia o característica personal, y los trabajadores (ellas y ellos) tienen que asegurarse de que se implementa sin miedos ni apriorismos. Tienen que ser colectivos completos, vertical y horizontalmente, quienes aseguren que hay trato efectivamente igual para todos los trabajadores. Así, ya que a los hombres y (cada vez más) mujeres que están en puestos de responsabilidad corresponde procurar que haya políticas claras de valoración, ascenso y retribución, también corresponde a las mujeres y hombres que trabajan asegurar que las políticas se (les) aplican estrictamente. Esto garantizará que aquellas que ascienden, que afortunadamente cada vez son más, lo hacen por los méritos de su trabajo y no por el hecho de ser de un género o mujeres con responsabilidades en su ámbito privado, latinas, afro-americanas, vegetarianas, del Madrid o del Barça, etc. La única manera de asegurar la no discriminación, en mi opinión, es a través de una misma y única política de méritos para todos, compatible –por cierto- con otras muchas que atiendan otros aspectos.

Son muchos años de inercia y hay que estar vigilantes para procurar la continua convergencia de géneros a las mismas oportunidades, procurando la involucración de la totalidad de la empresa (especialmente de los departamentos de recursos humanos y representación de los trabajadores, comunicación interna, legal y gobierno corporativo, todo con reporte directo a la alta dirección ejecutiva de la empresa) mediante políticas de méritos. No es fácil de diseñar, no se mantiene a solas, demanda recursos. Pero es posible si se quiere. Y si se quiere, se dotará a la empresa de un intangible que retribuye mucho más al accionista y al trabajador y fideliza mucho más que cualquier plan de contenido monetario. Y el talento –tan caro y escaso- siempre prevalece y permanece.

Son muchos años de inercia y hay que estar vigilantes para procurar la continua convergencia de géneros

Para terminar, en mi experiencia laboral he visto todos los tipos de trabajadoras, las comprometidas con su trabajo, las sanamente ambiciosas y las que han tenido etapas de compromiso intermitente. También las que han perdido el interés por su trabajo y las pocas que no han sido adecuadamente valoradas, por defecto o por exceso, como el tiempo ha podido demostrar –vamos, igual que a los hombres-. A algunas les ha costado más que a otras llegar. En todos estos tipos de compañeras, sin excepción, ha concurrido el hecho del matrimonio y de la maternidad, y a veces hasta maternidades que se han complicado. E incluso el de la separación y el de la reconstrucción de su vida personal con una nueva pareja. Puedo hablar de muchas compañeras que son auténticas ‘boinas verdes’, parte integrante de la élite, vaya, y además nadie sabría si tienen o no tienen hijos u hogares que atender. Algunas sí y otras no. Su valía no dependía del hecho de tener una casa a su cargo. Ni tampoco de ser mujer. El que no quiera contar el talento porque sea portado por mujeres debe ser consciente que conduce un coche al que le faltan las ruedas de un lado. Seguramente del lado de delante.

Read moreCerrar

Cinco Días 22.07.2012

Lecciones de una mina

Aunque el título bien pudiera hacer pensar que así sería, no me voy a referir a las denominadas marchas negras con destino Madrid y el debate sobre si lo que subyace realmente es un cierre patronal del señor Alonso.

Me voy a referir a otra crisis ocurrida en la mina San José, en Atacama (Chile), en agosto de 2010. ¿Lo recuerdan? 33 mineros enterrados y sin señales de supervivencia durante 15 días. Fueron localizados y 69 días después eran rescatados todos, con vida, y además surgió un sentimiento de orgullo de nación comparable a lo que hemos vivido recientemente con la victoria de La Roja.

Esa situación fue una buena demostración por parte del presidente de ese país de cómo un gobernante debe gestionar una crisis. Vaya por delante que creo irrelevante qué tendencia política tiene el presidente de Chile, señor Piñera, ni he seguido luego la evolución de su mandato. Me quiero ceñir a esos hechos.

Ocurrió una tragedia imprevista (léase también como inevitable). A 33 chilenos se les cayó, literalmente, el mundo encima, quedando enterrados y con su confianza en sí mismos y en sus compañeros como toda posibilidad de superar con (algo de) éxito la situación.

El responsable último de solucionar aquello, el presidente del país, no cejó hasta encontrarles, en el estado de vida o muerte que fuera, pero no dejó a sus paisanos de lado. No sé si era su convicción -seguro que sí-, pero era su obligación: no parar de buscar. Y los encontró. La suerte, que siempre es impuntual, llega tarde pero llega. Siempre acude. Solo hay que seguir allí, persistir, cuando esta finalmente aparece.

Una vez cumplió su obligación y la suerte hubo regalado a todos los involucrados encontrar a los mineros y que todos estuvieran vivos, el presidente dio la gran lección.

Lo primero que hizo con los 33 fue darles calma: les explicó claramente la totalidad de la situación. La situación no era buena, pero había solución. Y de ese pozo iban a salir todos. Tendrían el sustento necesario, el necesario -insisto-, para poder vivir mientras se les sacaba de ahí. Le quedó claro a todos, a los que estaban en el pozo y a los que esperaban fuera, que la situación se iba a solucionar.

Lo segundo que hizo fue establecer prioridades: primero se sacaba a los 33 y luego se buscaría a los responsables.

Lo tercero fue estudiar con sentido de urgencia todas las opciones que había. Mientras, los 33 seguían bajo tierra, sin mejoras relevantes, cierto, pero sintiéndose protagonistas y sabiéndose prioritarios frente a cualquier otra cosa. El presidente se lo sabía comunicar. Los mineros, sabedores de que tendrían que seguir en esa situación por un tiempo, tenían la convicción de que era posible la salida de todos del pozo. El horizonte adelante ayudaba.

Una vez hubo un plan de acción, que incluyó tres planes alternativos y la petición de ayuda del exterior, que resultó materializarse en una cápsula de ingeniería sudafricana, pintada con los colores de la bandera chilena y el nombre del propio país, y sabiendo que el tiempo juega malas pasadas, había que establecer una cuenta atrás para mantener la expectativa positiva que tan bien estaba funcionando. Para entonces, el presidente Piñera había dado muestras de controlar la situación y lo que dijera no iba a ser cuestionado. Magistralmente, y sabiendo que las tareas de rescate durarían 10 semanas, avisó que se tardarían aproximadamente 12 semanas -tres meses- en sacar a los enterrados en vida sanos y salvos. Todos salvados en un tiempo no corto pero asumible.

En ese momento, ya todo el país, y los países amigos, conspiraban en favor de un éxito del rescate. Una lección de Chile al mundo, y de Sebastián Piñera sobre cómo manejar una crisis. 69 días después de ser encontrados vivos, los 33 eran héroes vivos sobre la superficie chilena, Chile era un país inexpugnable y ser chileno cotizaba al alza en el mercado del orgullo.

¿Se imaginan qué hubiera pasado entre esos 33 mineros si no hubieran sabido que iban a salir todos vivos, o si ignoraran qué se estaba haciendo e incluso cuánto tiempo tendrían que estar soportando esa prisión natural? Lo que hubiera pasado dentro de la mina derrumbada hubiera sido trasladable a la superficie del país.

Nosotros estamos en crisis. Se nos ha caído el mundo encima y no nos vendría nada mal:

l Saber que vamos a salir todos, no unos cuantos que sean de una condición social o política, ni solo los que griten o bloqueen las calles, ni los que tengan dinero negro o dinero fuera. Tenemos que salir todos.

l Asegurar lo estrictamente imprescindible para poder subsistir mientras estamos en este derrumbe.

l Saber qué alternativas hay. Si no hacemos esto que estamos haciendo, qué opciones hay y qué supone realmente cada opción.

l Saber cuánto tiempo vamos a estar en esta situación. Las situaciones de pena tienen que tener un fin.

En definitiva, no siendo una opción estar o no estar en crisis -estamos en crisis como consecuencia de lo que se ha venido haciendo durante años- nos queda tener una eficiente gestión, firme y sensata, donde nuestros gobernantes (incluyo a Gobierno, oposición y demás partidos políticos, empresarios y sindicatos) no tengan miedo a contar las cosas como son, hagan un diagnóstico certero y completo de la situación de una vez y nos digan durante cuánto tiempo estaremos así.

Con esto, todos y cada uno de nosotros estamos obligados a arrimar el hombro y dar lo mejor de nosotros para salir de esta mina de San José de Atacama en la que nos encontramos. Si los gobernantes hacen su trabajo de verdad y dejan de echarse culpas hacia afuera y de protegerse hacia adentro, asegurando a la población que paga todos sus impuestos lo estrictamente imprescindible, estamos en la obligación indeclinable de serenarnos, protestar menos -y no será porque yo no tenga ganas de protestar- y poner lo mejor de cada uno para salir de nuevo a la superficie. No nos podemos distraer más. Y tenemos posibilidades reales de salir.

Read moreCerrar

Expansión 19.03.2011

Comunicaciones con abogados

Hace pocas fechas intercambiaba impresiones con dos Inspectores de Hacienda respecto del secreto de las comunicaciones entre un despacho de abogados y su cliente, en el marco de una inspección llevada a cabo por la Agencia Tributaria y me resurgió el interés por analizar la última decisión al respecto de la inviolabilidad de las comunicaciones entre un abogado y su cliente en el ámbito del ejercicio profesional, adoptada el pasado 14 de Septiembre de 2010 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Como seguramente conozcan, el TJUE denegó el carácter confidencial y secreto a las comunicaciones entre una empresa y sus abogados internos, halladas en el marco de una investigación domiciliaria, tomando como punto de partida una Sentencia de 1982 donde se establecía que las comunicaciones abogado– cliente amparadas por el secreto profesional son únicamente aquellas que tienen origen en "un abogado independiente, esto es, uno que no esté vinculado a su cliente por una relación laboral". Esto suponía, en definitiva, que los investigadores podían aprovechar el contenido de las comunicaciones entre un cliente y su abogado.

Al indagar en esta constatación de una discriminación entre abogados vinculados a un cliente por relación laboral y los que no lo están, parece sensato buscar el origen de este trato diferenciado:

i. ¿Existe alguna norma que establezca dos tipos de ejercicio de la profesión?: La normativa española revisada no hace diferencias, habla de "abogados licenciados en derechos, los abogados (…) en cualquiera de las modalidades de su actuación profesional (…), asistencia de letrado (…)". La primera conclusión es que no existe en España un sustento legal que distinga o ampare esta discriminación.

ii. ¿Existe algún tipo de titulación específica para los abogados vinculados a los clientes por una relación laboral y otra para los que están vinculados a través de un contrato mercantil de prestación de servicios?: No. La licenciatura a la que hace referencia la Ley Orgánica del Poder Judicial no distingue cuando establece la correspondencia exclusiva entre la denominación y función de abogado con la licenciatura en Derecho.

iii. ¿Existe tratamiento normativo distinto a una situación en función de si aquel es aplicado por un asesor jurídico interno o un asesor jurídico externo? Como se imaginarán, la normativa no distinguen en cuanto a su aplicación en función del régimen de contratación del servicio de quién las estudia y propone aplicar. Tercera respuesta ya que no favorece una justificación a la discriminación del TJUE.

Lógicamente no hay motivo que justifique discriminaciones entre abogados en relación de dependencia laboral o en relación de servicios profesionales porque hacen lo mismo: asesorar en derecho. Tienen la misma formación, las mismas obligaciones, se dedican a lo mismo y, por tanto, deben tener los mismos derechos.

Igualmente, los mismos derechos deben tener quienes acuden a un abogado en busca de asesoramiento legal para el correcto desenvolvimiento de sus acciones en el mundo empresarial.

Diferenciar entre dos tipos de abogados supone necesariamente diferenciar entre dos tipos de asesorados, unos con más derechos que otros: unos justiciables que tienen derecho a una plena, real y completa tutela judicial efectiva, y otros que "por motivo de la relación de dependencia laboral del abogado" se ven privados de uno de los derechos especialmente protegidos en la Constitución Española de 1978, y reiteradamente apuntalados en Sentencias del Tribunal Constitucional.

Imagínense:
a) ¿Qué ocurriría si un ciudadano o empresario se dirigiera a un despacho de abogados a solicitar asesoramiento en derecho? Debería preguntar al abogado si es uno de los muchos miles de abogados que están contratados laboralmente por despachos de abogados para no perder una serie de Derechos Fundamentales.

b) ¿Qué ocurriría si se modificara formalmente la relación entre una empresa y su abogado interno, estableciendo solamente una relación mercantil, pero llevando a cabo exactamente la misma tarea? ¿Se habría creado un Derecho a través de una modificación formal de una contratación? Un fraude.

c) Abundando en la anterior ¿qué tratamiento debe darse a las comunicaciones de aquellos despachos de abogados que tienen un solo, único y exclusivo cliente?
d) ¿Y aquellas comunicaciones (generalmente escritas) en las que se entremezclan abogados de departamentos internos y abogados de despachos externos?

e) ¿Qué hay de in(ter)dependencia en la relación existente entre un despacho externo y el abogado interno de una empresa que contrata a aquel?

En fin, dar por bueno que los justiciables podrían no tener protegidas las comunicaciones con sus abogados según si éstos son remunerado a través de una nómina en vez de a través de una factura por servicios profesionales pone en riesgo los indispensables derechos a la tutela judicial efectiva y a la defensa jurídica, todo ello en relación con las facultades de inspección de las distintas Administraciones.

Claro que las distintas Administraciones tienen que tener, necesariamente, facultades de inspección e investigación, pero dentro de unos límites legalmente pre-establecidos en el Ordenamiento Jurídico. Igual que los administrados deben poder asesorarse en derecho.

Todo esto es distinto de utilizar servicios jurídicos internos o externos como herramienta instrumental de ocultación de datos a las Administraciones; en este último caso, los servicios jurídicos -interno o externos- no estarían cumpliendo su función de ejercer profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos, o el asesoramiento y consejo jurídico. No cumpliéndose esta función, no se está ante un abogado, y por tanto no es aplicable el secreto profesional a las comunicaciones que se intercambien con los clientes. Pero son cosas muy distintas.

En conclusión, creo que sería bueno establecer normativamente los criterios sustantivos claros conforme a los cuales una comunicación de un cliente con un abogado estará sujeta a secreto, con independencia de si el asesor legal, en el ejercicio de sus funciones, está contratado laboralmente o por contrato de servicios profesionales.

El nuevo Estatuto General de la Abogacía, desde hace ya algún tiempo en fase de elaboración, puede ayudar a clarificar esta parte tan esencial y necesaria del ejercicio de nuestra profesión. Es necesario para las Administraciones, los administrados y los Abogados.

Read moreCerrar
This website uses proprietary cookies to gather information in order to improve our services, as well as to analyse browsing habits. If you continue browsing, this will constitute your acceptance. You have the option of configuring your browser; if desired, you can prevent the installation of cookies, although we would advise that such action could make browsing more difficult. For further information, please see the Legal Framework